lunes, 2 de diciembre de 2013

CANADÁ TIENE UNA HOJA ROJA EN SU BANDERA!!!

Ya es diciembre. 
Este frío antiguo, de siempre, nos regala tardes de luz de lámpara y libros nuevos.  Líneas nuevas, recién estrenadas, historias por descubrir, regalos.

Entre pilas de exámenes y en un descanso, me paro un poco, brevemente, para concluir que estas últimas semanas han resultado espléndidas en los paréntesis que brinda la lectura gracias a dos novelas bien distintas.  Miguel Delibes, La hoja roja.  Richard Ford, Canadá.

La hoja roja es ese marca que había en los librillos de fumar para avisar de que solo quedaban cinco papeles y que habría que ir comprando otro...  Cualquier fumador sabe que quedarse sin tabaco, sin mechero, sin papel de fumar y tener ganas de encender un pitillo es un desastre, una tragedia griega, un momento de desesperación que hace ponerse las botas al más pintado y bajar al garaje, coger el coche, ir al último bar abierto, llegar a la máquina de tabaco y... Genial, nada de patetismos.  Soy feliz.  Por cierto, os voy a confesar con una sonrisa que en uno de estos ataques vergonzosos el camarero, cuando le pedí cambio para la máquina de cigarrillos, me dijo: "¿Tienes la edad para sacar tabaco?" Y con mis arrugas de cuarentañera me fui más contenta que unas pascuas.  
Pero el libro no trata del tabaco.  La hoja roja es una metáfora de la vejez, de la "sala de espera", del último trecho.  Además de tantos otros temas, como muy bien dijo Samuel en el Club de Lectura.  Es cierto que parece que lees una novela sencilla, porque lo es, pero cuando cierras el libro decenas de reflexiones te asaltan, inevitablemente.  Una gran novela.  Grande Delibes.  Eva, te echamos mucho de menos el miércoles.  Muy grande también el Club de Lectura Juanelo Turriano.

También he terminado Canadá de Richard Ford.  Te dejo en este enlace su entrevista en Página 2 para que disfrutes de este hombre que a mí me tiene cautivada.  


He leído más novelas de Richard Ford y me han parecido más especiales pero no creo que sea porque Canadá resulte peor sino por el deslumbramiento que me produjo su descubrimiento.
Ahora, con Canadá, he disfrutado tanto que me he llevado conmigo la novela a todos los sitios posibles donde sabía que podía tener un rato de lectura y he aprovechado en casa cada momento robado a las obligaciones para seguir en sus páginas.
Un excombatiente norteamericano retirado y sin trabajo fijo y su esposa, ama de casa, frustrada poeta y mujer muy especial, deciden robar un banco.  Esta decisión, que acabará mal (lo cuento porque se dice en las primeras líneas de la novela) va a suponer un antes y un después en la vida de sus dos hijos mellizos, chico y chica, de 15 años.  
Solo un autor excepcional puede escribir en las dos primeras líneas de la novela sobre ese atraco y sobre unos asesinatos que se van a producir en la página 400 sin que la narración pierda un ápice de interés, sin que sea eso crucial para que la lectura de estas páginas sea completamente estimulante.  
Porque realmente por lo que tu mente va navegando es por las decisiones que vamos tomando, por la soledad, por el desamparo, por los errores, por los recuerdos de la adolescencia, por esa única mano que te ayudó un día, personajes secundarios que devienen en imprescindibles, por la amistad, por la vida.

Por nuestra vida que, al cabo, es una vida hecha de todas las cosas que nos han pasado y de todos los momentos que hemos vivido.  Y cuando consigues poner todas las piezas aparentemente dispares en un rompecabezas y van uniendo unas con otras, cuando van casando, nada es ajeno ya a nosotros.  En absoluto.  Es nuestro.  Somos nosotros.

Quizás tengamos que llegar a sacar esa hoja roja del librillo de Delibes para darnos cuenta de todo lo que somos y sobre todo, de todo lo que hemos sido y que nos hace únicos.

De momento yo sigo pensando que tengo mucha suerte de tener una familia increíble y unos amigos que, repartidos por varias regiones, me siguen alentando.  Dejaré los rompecabezas para otro rato, ahora solo quiero elegir una nueva novela...

Un beso y ¡¡felices lecturas!!






miércoles, 16 de octubre de 2013

Dos estaciones y tres novelas.

No existe razón alguna para que yo me siente aquí y escriba de nuevo.  Mis -improbables- lectores (Manuel Rodríguez Rivero) no me echan de menos y el que lo hace se refiere a mi blog como "puticlub de lectura".  En su disculpa juega la ventaja de que -de momento- le perdono todo por su chispa y gracia y porque tiene una familia a la que adoro, él incluido.
Pero la literatura envuelve los días en mi persona desde la primera hora de la mañana.  El lazo que desato poco a poco desde esas horas que deberían estar prohibidas, deja salir lo que llevo dentro atesorado a través de los años y me voy liberando de un equipaje que paradójicamente crece día a día gracias a mis alumnos.  Cuando parece que la caja está vacía llega la noche, extraña siempre, y con ella alguna página, más o menos, según el nivel de abatimiento que ha dejado el día.  Y comienza a atarse de nuevo el lazo, comienzan las solapas de la caja a apretarse, a ponerse una encima de la otra para permitir que ese lazo mágico haga un nudo y una lazada y, sin querer, todo comienza de nuevo.

Recuerdo estas noches de verano con todos los libros que esta estación me trajo.  Noches hermosas sin fin, sin ruido ni frío, sin viento ni alarmas.  Noches de lectura infinita al amparo del abandono de los horarios y la complicidad del tiempo.  Preciosa palabra esta, tiempo.

Del verano rescato dos títulos entre todos: Mañana en la batalla piensa en mí, de Javier Marías, que releí con un ansia nueva y que me llevó a una lectura distinta, madura, profunda, de una novela que, sin ninguna duda, recomiendo y luego, de nuevo, recomiendo.  
Y también, por muchas razones, Personas como yo de John Irving.  En esta última novela encontraréis además de varios personajes que buscan su identidad sexual, un homenaje a la tolerancia y al respeto, una reverencia al teatro en general y a Shakespeare en particular, la historia de una vida contada de manera sencilla pero con un poso que se va filtrando en el alma y te lleva de la mano a través de unas páginas muy bien escritas que nos muestran una vida poco convencional desde el más absoluto aprecio, consideración y por mi parte, admiración.

Y... Llegó el otoño.  Y con sus hojas, las lecturas.  Y uno de los mejores libros que he leído en toda mi vida.  Ahí va: Roberto Bolaño, 2666.  Anagrama.
La crítica habla de "audacia y de poderío narrativo".  Yo no lo sé.  No sé.  Yo sé que tengo en mis manos cada día 1121 páginas, que el libro pesa, que pesa más la historia, que pesa mi angustia y pesa mi deslumbramiento.  Sí. Estoy deslumbrada, esa es la palabra.  Nada más que añadir.  Nada del argumento.  Descubre Santa Teresa, una ciudad inventada al norte de México, en el estado de Sonora y ven al viaje sin prejuicios y sin maleta.  No te hará falta nada porque es el único viaje donde la maleta se va haciendo y no deshaciendo.  Una locura de novela, algo grande, algo genial.  Sí, eso es.  Una novela genial.  Basta ya de chingaderas.

Y me despido con unos versos, que para eso estoy exprimiendo a Bécquer en mi clase de Bachillerato de Ciencias.  A pesar de que hoy me he puesto una camiseta que rezaba por tres veces "Amor, Amor, Amor" no he conseguido más que sonrisas cómplices, frases como "el amor es indescriptible, profe" "lo de las mariposas en el estómago es cosa de la química" o peor aún "cuando ya lo has conseguido te puedes relajar". Jajajaja... Lo siento si no eres profesor, porque insisto en que tenemos la mejor profesión del mundo.  


En fin, que:

podrá no haber poetas
pero siempre habrá poesía.

Un beso renovado, un deseo de muchos momentos que sean poesía y siempre, siempre, ¡¡felices lecturas!!

Sonia Plancton.







martes, 23 de abril de 2013

Correspondencia, buzones y deseos.

Hoy es 23 de abril.  Una fecha que me trae muy buenos recuerdos por lo que no me queda otra que hablar de AGRADECIMIENTOS que intentaré, ufff, que sean solamente literarios.

Hace un par de años cayó en mis manos el libro del que hemos estado hablando estos días varias personas a través del Club de Lectura Virtual del Juanelo, es decir, vía e-mail.  Tomás comentó cómo le gustó la recomendación de La sociedad literaria y el pastel de patata de Guernsey, de Mary Ann Shaffer que yo había leído y enseguida recomendado a los amigos cluberos.

Este libro cayó en mis manos un día como hoy en el "Amigo Invisible" del instituto de manos de Gema y por recomendación de Raquel.  Como siempre lo apilé para "el próximo" y por razones que todos conocemos se quedó esperando en silencio porque de alguna manera, al final, la espera merece la pena.  Y mereció.
No voy a contar nada del argumento porque hoy he regalado esta misma novela a mi "Amiga Invisible" que ha sido Elena y si tiene la deferencia de leer esta entrada no será para que se entere de absolutamente nada de la historia.

Solo puedo decir que todo se articula a través de una correspondencia que comienza con una casualidad... y que nos traslada a unas vidas hermosas a través del sufrimiento y de la amistad, de la guerra, de la injusticia y de la hermandad, de la esperanza y de la literatura.  Una delicia.  De verdad.




Esperándome también, estaba el libro que dejaron los Reyes Magos debajo del árbol de Navidad que ponen mis hijas en mi casa.  Lo empecé en su momento y me encandiló la primera carta.  Otra vez correspondencias... Otra vez las cartas....  Y me gustó tanto y andaba tanto en tantas cosas que lo dejé un momento, "tengo que terminar el del Club" y "tengo que terminar el que me prestó Ángel Torres (una Antología poética del 27 prologada por Ángel González!!!), un libro de ángeles de esos que te cuidan y te acompañan....  En fin. Que como veis, lo dejé.  Y estos días, hete aquí que lo recuperé y le prometí que no lo abandonaba más aunque tuviese miles de compromisos literarios.

Y vino blanco en ristre, soledad absoluta y ganas que venían del arrepentimiento, lo recomencé desde la página 1.  Paul Auster y J.M. Coetzee nos regalan sus cartas de ida y vuelta desde el 15 de julio de 2008.  Aquí y ahora.  Cartas. 2008-2011.  Anagrama-Mondadori.

En estas Cartas encontraréis reflexiones sobre la crisis económica, sobre literatura, sobre deporte, sobre el tiempo, sobre ciudades, sobre la amistad, sobre la infancia, sobre el amor, sobre el arte, sobre la pobreza y su injusticia....  Dos grandes escritores que se desnudan para ofrecernos una visión personal de todos estos temas, de una manera tan genial que no creo que pueda expresar con palabras la admiración que despierta en mí este libro y estos dos escritores a los que admiro y a los que siempre leo.




Aprovecho para citar a Paul Auster en una frase que encontré en este libro y que le he regalado hoy a mi "Amiga Visible", Elena, manifestando aquí mi amistad y mi agradecimiento: "Las mejores amistades, las más duraderas, se basan en la admiración".  Y admiración es lo que me sobra si se trata de Elena.  Como a muchos de nosotros; me consta.

Y para terminar, un deseo.
Deseo que si acaso, si por casualidad, esta entrada en un blog en Internet pudiera convertirse en Carta, en una de esas de papel que te llega al buzón (Dani, me estoy acordando de ti), en una carta de un Amigo que esperas recibir, en una correspondencia que trae el cartero, que tiene sobre y sello y dentro Palabras esperadas... Si eso se pudiera producir, no imagino mejores destinatarios que todos vosotros.  
Y para completar el deseo, pediría que vierais siempre en mis palabras el cariño con que son escritas.  

Un beso.  Felices cartas.  Y Felices lecturas!!!

PD: Luisa, tu emoción del Día de la Poesía atravesó wifis, buzones y distancias. Y se depositó en mi corazón.








jueves, 14 de febrero de 2013

De polis y cacos.

Esta nueva y tardía entrada va a estar dedicada a mi hermano Carlos.  

Anoche terminé una nueva novela después de haber paseado por Sudáfrica en el Verano de J. M. Coetzee,  por el Madrid de Isidora Rufete en La desheredada de Galdós, por la Newark de Philip Roth en Némesis y por el Norte de España de mano de la Nela o Marianela de Galdós...  Grandes novelas que hacen aún más grande a su autor, del tiempo y del lugar que sean.  Que están y estarán entre los grandes de hoy y, si no me equivoco, de después y de siempre.

No sé si mi última novela, esta que me trae aquí de nuevo, llegará a los anales de la literatura y si permanecerá entre los grandes títulos de la historia de los grandes libros.  Lo dudo, aunque esto nunca se sabe.  Yo si sé que he pasado unos días muy entretenida con unas páginas que me han enganchado vilmente para tirar por tierra todos mis prejuicios.

La novela es el último premio Planeta: Lorenzo Silva, La marca del meridiano.  Y si esta entrada está dedicada a mi hermano Carlos es precisamente porque fue un regalo suyo.

Según mi hermano, y en una estupenda metáfora, yo leería un armario lleno de palabras con tal de pasar un rato enfrascada en algo para leer.  Pero no es cierto.  Lejos de considerarme exquisita o alguna pijada parecida, sí que es verdad que siento ciertos prejuicios como decía más arriba, o menos disposición, hacia las novelas que pretenden contarnos un argumento o que cuentan una trama de acontecimientos con un motivo que debe llevarnos a un desenlace...  Quizás sea cierto que prefiero la prosa reflexiva, intimista, sin héroes ni villanos, sin polis ni cacos, sin buenos ni malos.  Busco sin querer espacios que estén dentro de las galerías del alma con todas sus miserias y también, por supuesto, con todas sus luces y neones.

Y hete aquí que esta lectura que me ha tenido horas enteras envuelta en sus páginas es una historia de polis en toda regla: asesinatos, prostitución, cocaína, trata de blancas, crisis económica, amor, amistad, honor y Guardia Civil.  ¿Alguien da más?

Pero tan bien contada, tan amena, tan entretenida, tan a su tiempo (esto es muy importante), en un momento de cansancio interior, de lluvia en los cristales y ciclogénesis espiritual, que me ha salvado de estar pensando en otra cosa y que me ha llevado de paso a Barcelona y a Sitges y a Casteldefels y a toda esa zona preciosa que me encanta y que siempre echo de menos.  Ese espacio de Los Monegros hacia arriba, donde la marca del Meridiano que he visto tantas veces en mi vida nos recuerda que hay un corte, aunque sea imaginario, entre el sur y el norte.  Esa marca que se nos queda a los que ya no somos de casi ningún sitio y de todos los lugares donde hemos vivivo, porque si nos vamos de uno de ellos, enseguida lo añoramos, sea cual sea.

Esas marcas también que se te van quedando en la piel y que te van delimitando y diciendo quién eres.  Esa marca que te indica la línea que debes y no debes cruzar, todos tan sensatos y todos tan irreflexivos e irresponsables en tantas y tantas situaciones que nada te hacen prever qué puede ocurrir ni quién está a salvo.  

Pero no era hoy la reflexión mi propósito.  Era compartir estas páginas y mis momentos fuera del mundo, una aventura en todos los sentidos.

Y enviar un beso a mi hermano Carlos y decirle gracias públicamente.  Porque mi hermano Carlos y también mi hermano José Manuel, son de esas personas a las que se les quiere tanto, tanto, tantísimo, a las que yo quiero de ese modo que todos sabemos, como se quiere a un hermano pase lo pase y sea cuando sea.  
No hay otra manera. 
O yo la desconozco.
Afortunadamente.









lunes, 19 de noviembre de 2012

BUCLES

Hace ya demasiado tiempo -como de casi todo- participé siendo muy joven, estudiante de Filología Hispánica, en un Congreso sobre Jaime Gil de Biedma, sin saber ni muy bien ni muy mal, sin saber a secas quién era este poeta que tanto fascinaba a mi profesor de Crítica Literaria, Túa Blesa, que me lo presentó en unos poemas que por mi edad y mi innata inclinación a la melancolía, me encandilaron ya, recién cumplidos los veinte años.  Después, la admiración y el entusiasmo por este poeta no han hecho más que crecer y permanecer.
En este Congreso conocí a varios escritores que vinieron a hablar de Gil de Biedma y en mi retina quedó la gracia y el buen humor de Manuel Vázquez Montalbán que nos agasajó con una ponencia hilarante y con mucha guasa sobre una generación de poetas y escritores, en su mayoría catalanes, aferrados habitualmente a un libro y a una botella y a momentos de gran amistad entre cenas, copas y buena conversación.
Es curioso cómo el tiempo difumina tantas cosas, las alejan y muchas caen en el olvido más pernicioso y otras, las más peregrinas a veces, nos vienen a la memoria cuando menos te lo esperas.  

El tiempo es muchas cosas y bien diferentes según quién lo cuente.  Será una definición esencial para Maldonado y fundamental para Ángel Torres.  Será un tópico en literatura y en el discurso de mi madre, "hija, cómo pasa el tiempo..."  Será una canción de Silvio Rodríguez, "el tiempo..., que de pronto son años sin pasar tú por mí, detenida".  Será una digresión de mil páginas en nuestra anterior La montaña mágica. Será lo que nos navega en esta barca en la que nos ha tocado pasar este trocito de río.  Ha pasado el tiempo y la verdad desagradable asoma: envejecer, morir, son los únicos argumentos de la obra.  O algo parecido.

La lectura de La montaña mágica y la relectura de Los enamoramientos me dejaron exhausta.  Sobre todo porque la última me llevó a leer de nuevo El coronel Chabert de Balzac y Macbeth de Shakespeare.  Me metí -por iniciativa de las novelas- en un bucle maravilloso donde el tiempo y la muerte acapararon mi pensamiento.  Y me llegaron las preguntas de Eva que espero que vosotros respondáis:

- ¿Nos gustaría que los que se fueron regresaran?
- ¿Hasta dónde se es capaz de llegar por amor?

Perdida en la nostalgia de los que me faltan intenté indagar en mi pequeña biblioteca en busca de algo que me distrajese del abismo en el que había caído.  Y encontré una novelita brevísima de uno de mis escritores fetiches, Enrique Vila-Matas, que había comprado en la Feria del Libro y me había sido dedicada por el escritor, dibujito incluido.  Pensé, bueno me voy a una digresión grata de mi Enrique, seguro que me lo paso bien...  Impostura.  finalista del I Premio Herralde de novela.  Y para mi sorpresa resultó ser una novela tradicional donde "oh Dios mío" un muerto volvía a la vida.  Un desaparecido reaparecía en la vida de dos mujeres que decían ser sus viudas....  No es posible.....  
Para colmo el sábado, destrozada por la excursión del día anterior en Madrid, vegetando en el sofá, apareció en Antena 3, canal que no veo jamás, Los tres mosqueteros, y yo me quedé por si conseguía ver a esa muerta que regresa, Milady de Winter, con su flor de lis en el hombro y que reaparece en Los enamoramientos.

Así que cuando terminé Impostura (absolutamente genial) me dije, se acabó.  Tengo que buscar algo que de antemano destruya el bucle.  Puedo conseguirlo.  Ah claro!!!! Manuel Vázquez Montalban!!!!  Y su detective Carvalho que me lo están haciendo pasar fenomenal.  Una intriga, un crimen, una situación rara de una amiga en Bangkok, una escritura pausada, con entretenimiento, no al estilo de las novelas policíacas donde la acción es lo que cuenta. No.  
Y pasajes realmente cínicos y graciosos que me recuerdan sus palabras en aquel Congreso de mil novecientos noventa y algo. 
Y aquí me quedo, sorprendida de verme sonriendo e incluso riendo y moviendo la cabeza para inquietud de mis hijas que ya me han amenazado con que los Reyes me van a traer solo libros...  

Con la esperanza de haber cortado por lo sano con la persecución voluntaria o ajena de estos títulos que me han acompañado os recomiendo todos ellos.  No puedo hacer otra cosa.  Son novelas magníficas y desde este blog te las ofrezco.

Un besito y ¡felices lecturas!


Cubierta delantera

http://www.enriquevilamatas.com/

http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/vazquez_montalban/home.htm

Por Ferreres



http://javiermariasblog.wordpress.com/2011/05/27/el-coronel-chabert/





domingo, 7 de octubre de 2012

La montaña mágica

Las calaveras están de moda.  Mierda.
Dicen por ahí que ya no soy exclusiva.  Antes me tenía que ir al Crom-Anaconda en Zaragoza a comprarme mis pañuelos de calaveras y las camiseticas y ahora, mira tú por dónde, están en el Pimkie, en el Bershka y en el Zara que mola más que el Mango... Jajajaj, ahora me acuerdo de Dani y Carlos o del Dani y del Carlos...

Tenía que empezar a escribir.  Hace mil días que no venía por aquí y esto de aquí arriba ¿es lo único que se me ocurre??

Cuando eliges una lectura no eres consciente de lo que va a ocurrir.  Esa aventura en la que te sumerges ya no depende de ti desde la primera página.  

Decidí leer La montaña mágica.  Hace ya un mes largo.  Thomas Mann.  La montaña mágica. Hans Castorp.  De pronto, Settembrini es un compañero de viaje y el tiempo algo en qué pensar. ¿Estado o individuo?  ¿Quiénes son los francmasones?  ¿Qué hacer cuando tu cuerpo está enfermo? ¿Un chaise-longue en la terraza a menos siete grados? ¿Una noche de Carnaval para hablar de amor, tan solo una noche?¿Clavdia Chauchat? Una radiografía de Hans Castorp y una radiografía de principios del siglo XX en una de las lecturas más sorprendentes, absorbentes, geniales, ingeniosas, humanas, profundas, personales, sociales, intensas, laxas, digresivas, mágicas.... que he leído jamás.

Joachim Ziemssen espera a Hans Castorp en la estación de Davos para una visita de tres semanas.  Joachim está enfermo de tuberculosis y su primo va a acompañarle unas semanas en un sanatorio en una montaña de los Alpes suizos.  Sí.  Joachim es el  primo de Hans, y a pesar de ser todo lo más lejano para nosotros, un militar que junta los talones para hablar, un muchacho que cree en el honor y la disciplina militar, un joven que se niega el amor por el deber y la guerra, a pesar de todo eso, como decimos, es un personaje al que quieres de verdad y por el que sufres y empatizas desde lo más profundo de tus sentimientos.

Y Clavdia.  Y Naphta.  Y Behrens.  Y Krokowski.  Y Mynheer Peeperkorn.  Y siempre Settembrini.  El amor. La vida.  La enfermedad.  La muerte.  La felicidad.  El tiempo.  Siempre el tiempo.  La nieve.  Las estaciones.  Aquí arriba.  Allá abajo.

Para ser honestos, aún me quedan 60 páginas de las 1000 con las que empecé y con las que mis dedos se entumecen a cada rato (ni por esas me atrevo con un e-book).  Y no quiero terminar.  No puedo.  Me ligué a la motaña mágica. Me trasladé.  Me mudé.

Quizás sea porque el resto (sin contar con la magia de mi familia) es feo y es duro: debéis saber y sabéis, o si no suponéis, que el curso NO ha empezado con normalidad....  Pero mil veces he reivindicado que este es un blog de literatura.  Y la "wert-güenza" de este curso la gritaremos en la calle.  Y la magia de este libro la manifestaremos aquí.

Una lectura mágica, sin duda.  Una lectura inolvidable.  Una experiencia única.  Unas páginas que se trasladan más allá de cuando cierras el libro.  Un estar.  Un ser.  Un pensar.  Un casi todo.  Un casi todo.  Un casi tod... Un casi t......











martes, 5 de junio de 2012

Por eso y por más cosas...

Dice Dani, que para ser de Tecnología dice cosas muy bonitas, que el viernes estuvo en el cielo de Madrid. Y eso pasa porque pertenece de manera virtual (de momento) a este Club de Lectura que nos da tantos momentos de calidad en palabras de mi amiga Marga.
Hoy hemos terminado otro curso, aunque nos queda la comida de despedida, que es siempre un momento muy bonito.

Y este curso, qué os voy a contar, ha estado lleno de sobresaltos desde el principio.  En septiembre yo estaba muy asustada, asombrada, no daba crédito.  Y ahora ya estoy realmente indignada.  En este proceso he abierto los ojos y en mi candidez he comprobado cómo poco a poco la enseñanza pública, nuestra niña mimada, la que nos hace iguales y nos da una oportunidad, ha sido vilipendiada, denostada, arañada, maltratada y tocada en sus cimientos más profundos.  Y aún nos dicen que es el principio.  Que habrá más. Que esto no ha hecho más que empezar.  Y junto a la tristeza están las ganas de plantarse y de decir que no.  Es difícil, pero no por eso mermarán nuestras fuerzas. 

Y mientras transcurrían estos tiempos aciagos hemos seguido leyendo. Hoy Yerma y Bodas de sangre nos han hablado de historias trágicas que te llegan a lo más hondo.  Del amor fracasado, de la maternidad fracasada, del fracaso del ser humano, de unas ansias vitales siempre condenadas en Lorca al fracaso, a la insatisfacción.  Y si no ha sido una reunión dura es porque había cumpleaños y pastel y flores y sonrisas.  Y mucho cariño que se siente como un hilo fino que nos une más allá de las páginas que comentamos.
Y hemos seguido conociendo gente nueva.  Sin lugar a dudas, el mejor regalo del Club de Lectura.   Gracias a todos los que os habéis incorporado este año.  Habéis hecho crecer nuestro Club de Lectura, renovarlo y hacerlo tan grande y tan hermoso...

Mientras llegaban las tragedias de Lorca yo iba leyendo La luz del Guernica, un estupendo libro de Baltasar Magro, por cierto próximo premio Juanelo Turriano el próximo 25 de junio.  Ve buscando esta novela porque la leeremos el próximo curso en el Club.  En ella se relata el proceso de creación de esta pintura inmensa en todos los sentidos.  Picasso recibe el reto de pintar a petición de la República Española un mural para la Exposición Universal de París y el resto (con una mirada muy amable hacia el pintor) lo encontraréis en unas páginas que no puedes dejar de leer.  París, 1937.

Como prometí, leí Diario de invierno, la última novela de Paul Auster.  Genial. 
Y aquí debería acabar con el comentario, pero ya sabéis que soy de enrollarme un poco.  En estas páginas Auster recupera esa prosa sencilla y adictiva (al menos para mí) y con un desdoblamiento que ya ha frecuentado en otras novelas, a través de un "tú", nos cuenta un retazo de una vida a través de sus mudanzas y de su paso por unos días que me han hecho sonreír, llorar, reír a carcajadas, enternecerme, sentir empatía, verme ahí, sí, tal cual, madre mía, a mí también...  En fin, lo siento Ángel Torres, pero sí.  Brindé con un cosmopólitan en unas copas chulísimas que me regaló Mati para estos pequeños homenajes.

No quiero que dejéis pasar un libro que nos trae Elena y Luis Torrecilla: Contra el viento del norte de Daniel Glattauer.  Un diálogo amoroso que no os dejará indiferentes.  También para el próximo curso.

Y sí.  Claro.  Luisa me pilló enfrascada en Aire de Dylan, la última novela de Vila-Matas.  Yo me lo estoy pasando muy bien, pero si te gustan las novelas con un argumento que va más allá de "Cuando anochece, siempre necesitamos a alguien", esta no es tu novela, porque apenas pasa nada más; aunque pasan tantas cosas....  Luisa, eres para nosotros muy especial y para mí, sencillamente, imprescindible.  Te quiero.

Nosotros, que nos gusta leer y que hemos crecido con la lectura compartida en un proyecto que ha alcanzado con creces todas las expectativas que habíamos puesto en él, sabemos de la magia de la lectura. 
Hay muchas maneras de leer y una de ellas es recordar lo que hemos leído.  Por eso, Marina, no te entristezcas cuando tu padre ya no puede leer en esa casa llena de libros.  Porque él ha leído y ha disfrutado de ese placer reservado para quien sabe qué es tocar el cielo alguna vez mientras estamos por aquí.  Y te tiene a ti para recordar. Solo tu presencia vuelve todo poesía.

Por eso me enternece mi padre en su vuelta sin pausa a la lectura cuando me comenta en primicia  y con toda la pasión de la novedad,  los libros que yo ya me he leído.  

Por eso un beso de Raquel y su sonrisa por ese libro firmado por su poeta favorito y su lectura en una peluquería de música horrible y sillones con pelos cortados de otros seres humanos, arrastra toda la generosidad que a veces anda escondida con las prisas y los desmanes de la vida. 

Por la insaciabilidad de Paula con los mundos mágicos y por la continua y diaria y repetitiva lectura de Ven a buscarme, cuento de Javier Marías, que lee Violeta cada noche de cada día sin excepción (Elena, nunca sabrás cómo le gusta este cuento a tu ahijada, esta niña apunta maneras...)

Por esto y por vosotros, por cada uno de vosotros, merece la pena cada una de las líneas y de los versos que yo leo.

Un beso enorme, de los de verdad, y para acabar con mi retahíla...

¡Felices lecturas!


La tierra estaba seca.
No había ríos ni fuentes.
Y brotó de tus ojos
el agua, toda el agua.

Luis Alberto de Cuenca.